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La peor pesadilla de todo artista...

E-M10 Mark III • M.Zuiko 17mm 1:1.8 • 1:1.8 • 1/25s • ISO 1000

Comienza el día. Café, cigarrillo y ducha. Me visto y preparo el equipo. Saco la batería del cargador, la meto en la cámara y después compruebo la tarjeta y el objetivo. Ya estoy listo para ir a la calle a trabajar.
Pero hoy es diferente, ya que normalmente la fotografía es mi manera de relajarme. No, es incluso más. Es mi terapia, es la forma mediante la que todo cobra sentido. Pero hoy no es así. Hoy siento las palmas de mis manos sudorosas, mis rodillas débiles, y noto cierta pesadez en los brazos. Siento como si tuviese un nudo en el estómago mientras que esa voz en mi cabeza no para de repetir: "¡48 horas! ¡48 horas! ¡48 horas!".…

¿Por qué?

A finales de julio, Olympus me ofreció poner a prueba la flamante OM-D E-M10 Mark III, que todavía no estaba ni anunciada. Fue todo un honor y un desafío, y sentí emoción por aceptar el ofrecimiento.

Recibo esta flamante bestia diminuta a comienzos de agosto en mi casa de La Haya (Países Bajos). Emocionado, abro la caja de inmediato. De lo primero que me doy cuenta es de cómo una cámara tan pequeña ofrece tan buenas sensaciones al cogerla en la mano; cada gramo y cada centímetro están aprovechados al máximo. Mis manos no son precisamente pequeñas; aun así, mis dedos se asientan donde deberían, y el agarre de la cámara es completamente natural.

Tengo que poner a cargar la batería, no puedo esperar más para disfrutar de esta cámara; siento la llamada de la calle. El sol ilumina mi vida durante las siguientes tres semanas. Tengo bolos en los que podré obtener buenas imágenes de gente de juerga y del caos que se produce durante los disturbios. Además, he reservado bastante tiempo para recorrer las calles durante este mes.

E-M10 Mark III • M.Zuiko 17mm 1:1.8 • 1:1.8 • 1/200s • ISO 2000

Una de las primeras cosas en las que reparo al trabajar con esta versión de la E-M10 es que el sensor junto con el impresionante sistema de estabilización marcan la diferencia por completo en condiciones de poca iluminación.
Por si esto fuera poco, las capturas de larga exposición con una ISO baja dan como resultado hermosas y evocadoras imágenes nocturnas de una gran nitidez, sin la molestia de tener que cargar con un equipo aparatoso. Todas las fotografías de esta serie se hicieron única y exclusivamente con la OM-D E-M10 Mark III y con un objetivo Olympus M.Zuiko 17mm 1:1.8. Sin trípodes ni flashes, solo lo esencial para hacer una foto. Este fue el reto que me había fijado para poder mostrar todas las posibilidades que ofrece este equipo tan diminuto.

Otra de las principales características es el sistema AF de 121 puntos. Es una delicia trabajar con el control que te ofrece y la velocidad a la que te permite disparar. La pantalla giratoria con funcionalidad táctil permite capturas controladas, y la función Peaking ofrece gran velocidad y precisión durante el enfoque y el disparo con la Olympus. También me resultan asombrosas la intensidad y la velocidad del flash que lleva integrado.

Por lo que fui tremendamente feliz durante tres de las cuatro semanas que disponía para este proyecto. Echando la vista atrás a todo lo que había fotografiado, me sentía afortunado y orgulloso de lo que pude enviar, aunque siempre se puede mejorar la selección si se dispone del tiempo necesario. Pero como he dicho, estaba satisfecho por cómo estaban yendo las cosas.

E-M10 Mark III • M.Zuiko 17mm 1:1.8 • 1:5 • 1/320s • ISO 2000

Y fue entonces cuando, durante la preciosa noche de un viernes de verano, ocurrió lo inimaginable; la peor pesadilla de todo artista. . .
El disco duro en el que guardaba todo este proyecto, sin mencionar muchos de mis trabajos anteriores, decidió que era momento de decir basta.

Y se murió.
Dijiste que nunca me dejarías, que nunca me fallarías. Me prometiste que no te irías ni me dejarías tirado.
Pero lo hiciste, vaya si lo hiciste.

En ese preciso momento, mi mundo dejó de girar. Los pensamientos revoloteaban en mi cabeza: los clientes a los que voy a decepcionar por entregarles el trabajo tarde; la próxima exposición que no voy a poder organizar a tiempo; o incluso peor. Creo que nunca antes había sentido tal desesperación. . .
Derrotado, me voy para la cama; ahora no hay nada que pueda hacer...

A la mañana siguiente me levanto, le echo un vistazo al calendario para calcular el tiempo que voy a necesitar para la edición y me doy cuenta de que...

Dispongo de 48 horas para volver a realizar este proyecto por completo. Siento que esto ya no se puede arreglar, pero me niego a tirar la toalla. Me pidieron que pusiese a prueba esta cámara y, a decir verdad, no pensé que el resultado sería tan satisfactorio contando con que este proyecto lo realicé en un espacio de tiempo muy corto.
Es entonces cuando empieza la jornada. Café, cigarrillo y ducha. Me visto y preparo el equipo. Saco la batería del cargador, la meto en la cámara y después compruebo la tarjeta y el objetivo. Ya estoy listo para ir a la calle a trabajar.
A pesar de que hoy tenga las palmas de las manos sudorosas, las rodillas débiles y note cierta pesadez en los brazos, o aun sintiendo un nudo en el estómago y una voz en mi cabeza que no para de repetir "¡48 horas! ¡48 horas! ¡48 horas!". Me niego a perder la serenidad.

Ya en la calle, compruebo el tiempo que hace, veo la posición del sol y pienso qué calles tendrían buena iluminación. Limpio mi 17mm, vuelvo a comprobar la tarjeta de memoria y reviso los ajustes. Para aquel que le interese, siempre trabajo con la configuración M. Intento mantener la ISO baja, y trabajo o con el sistema de estabilización con punto de enfoque único o MF. Sin ráfagas; nada está en automático. Quizá esto dificulte un poco el trabajo, pero la recompensa es mucho mayor cuando obtienes una buena captura. Es en ese momento cuando te das cuenta de que has sido tú, tu ojo, tu conocimiento y tu imaginación los que consiguieron la imagen.

E-M10 Mark III • M.Zuiko 17mm 1:1.8 • 1:6.3 • 1/1000s • ISO 200

Cojo el monopatín, me dirijo a la primera localización y empiezo a fotografiar. Hago fotos a algunas de las personas con las que me cruzo. Llego a cada localización, hago varias capturas y sigo con mi recorrido.
A medida que recorro las calles de mi ciudad, La Haya, siento que retomo mis raíces.

No hay nada más en el mundo que mi cámara, mi monopatín y yo.
Dormir y comer pasan a un segundo plano; ahora lo único que importa es realizar este trabajo para Olympus. Estoy en pleno entorno, cómodo y concentrado en las calles, aplicando métodos que ya había probado, pero también jugueteando con ideas nuevas y con las funcionalidades de la cámara.
Avanzo rápidamente para cumplir el plazo.
Le doy los últimos retoques a mis fotos y se las envío a Olympus.
Siento como si hubiese desaparecido una pesada carga; ya puedo respirar tranquilo de nuevo. He hecho mi trabajo. Echando la vista atrás a la serie, veo que obtuve tipos de captura variados en los que se plasma, en gran medida, la funcionalidad de esta pequeña bestia. Además, lo que más me gratifica es saber que, en un espacio tan corto de tiempo, fui capaz de realizar una serie de fotografías de las que sentirme orgulloso.
He querido compartir esta historia porque creo que hay ciertas cosas que os pueden servir de ayuda.
Lo primero de todo, y quizá lo más obvio: ¡haced una copia de seguridad! Pero, aparte de eso, me ha sorprendido todo lo que he sido capaz de hacer con esta cámara durante ese tiempo.

Solo necesité volver a casa para recargar la batería y, mientras se cargaba, unas horas de sueño ayudaban a cargar mi batería interna. Es sorprendente cómo Olympus, una vez más, ha sido capaz de diseñar tal monstruo en unas dimensiones tan reducidas como las de esta elegante cámara.

Y, a diferencia del disco duro, la cámara nunca me dejó tirado. Ni bajo un sol de justicia en pleno día ni en las sucias juergas en la profundidad de la noche. Estábamos listos para disfrutar.
No obstante, la moraleja más importante de esta historia es esta (por favor, por muy cuesta arriba que se pongan las cosas, recordadla siempre):

Persigue tus sueños, nunca renuncies a ellos y, mientras exista una mínima posibilidad de éxito, nunca aceptes la derrota. La suerte es para los valientes, por lo que siempre debes disparar primero y preguntar después.

Gracias por acompañarme en esta angustiosa aventura. Espero que hayáis disfrutado de su lectura. Para cualquier pregunta o comentario, enviadme vuestro mensaje a través de MyOlympus o mediante esta dirección de correo electrónico: info@gordonmeuleman.nl

E-M10 Mark III • M.Zuiko 17mm 1:1.8 • 1:1.8 • 1/30s • ISO 200