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Antarctica

E-M10 Mark II • M.ZUIKO DIGITAL ED 7‑14mm 1:2.8 PRO • 1:16 • 1/125s • ISO 200

Llega un día en el que sientes que algo está llegando a su fin. Eso es lo que me acaba de pasar. Justo cuando pensaba que mi viaje a la Antártida no iba a terminar nunca, lo hizo. Si tuviera que resumirlo en una palabra, lo que me viene a la cabeza es "flotando", ya que literalmente estuve flotando en el océano durante tres semanas. "Flotando" también es una expresión adecuada porque el tiempo pasó de una manera muy concreta: los días eran interminables y los ocupaba con libros de lectura, mirando al vacío o simplemente pensando en lo que deparará el futuro. Pero llegó el momento en el que, con la mochila colgada en los hombros, toqué tierra y no quise mirar hacia atrás. El Silver Explorer se había convertido en mi hogar durante días. Pero también se había convertido en mi lugar de trabajo, el lugar donde ofrecía charlas de fotografía, el campo de pruebas para la nueva E-M1 Mark II y el refugio que mi amigo Juan y yo habíamos compartido, donde nos contamos los pocos secretos que nos quedaban el uno al otro.

E-M1 Mark II • M.ZUIKO DIGITAL ED 7‑14mm 1:2.8 PRO • 1/2500s • ISO 800

Hace unos meses, me ofrecieron la oportunidad de zarpar en el viaje que siempre había soñado. No tardé mucho en aceptar. Quería enfrentarme a nuevos desafíos en mi trabajo como fotógrafo, y este viaje me planteaba algunos que para alguien como yo, que me gusta saltar sobre las rocas y los charcos, y trepar por los árboles para encontrar una nueva perspectiva y experimentar con la composición. Ponerme en manos de un capitán de barco que me llevaría donde quisiera (o donde el mar quisiera) era un desafío que no podía dejar pasar. Porque, créeme, tu cámara es lo único que puedes controlar por completo cuando estás en un barco. Además, contar con toda la gama de objetivos M.Zuiko me permitió adaptarme a la situación en cada momento. Necesité cada uno de los objetivos en algún momento del viaje.

E-M1 Mark II • M.ZUIKO DIGITAL 25mm 1:1.8 • 1:1.2 • 1/800s • ISO 400

Hay tantas cosas que podría destacar de mi diario de viaje. Con el tiempo he aprendido una cosa: merece la pena anotar todo lo que sientes cuando viajas a algún sitio. La cámara puede mostrarnos parte del viaje, pero si usamos palabras, podemos sumergirnos en nuestras emociones más profundas.

E-M1 Mark II • M.ZUIKO DIGITAL ED 40‑150mm 1:2.8 PRO • 1:3.5 • 1/1600s • ISO 200

En 1615, dos barcos holandeses decidieron no entrar en el Estrecho de Magallanes y optaron por explorar las tierras desconocidas al sur de Tierra del Fuego, en un esfuerzo por pasar desde el Atlántico hasta el Océano Pacífico. Los enfurecidos vientos hicieron que uno de los barcos, el Hoorn, se perdiese en el mar. El otro continuó hacia el sur, cruzando por primera vez lo que Francis Drake había mencionado décadas antes: el pasaje que en la actualidad lleva su nombre. Allí nos dirigíamos: al Pasaje de Drake. Es uno de los lugares más legendarios en la historia de la navegación y también es famoso por tener uno de los climas más turbulentos del mundo. El reloj suena a medianoche, pero no recuerdo haber activado la alarma. Leo la pantalla. Es la segunda vez durante este viaje que recibo este mensaje: "Aviso de tormenta". Sin embargo, esta vez, las condiciones climáticas están empeorando rápidamente, y el centro de mando nos advierte de que nos preparemos para lo peor. Podemos esperar vientos de 100 km por hora y olas de doce metros en el peor momento posible: justo cuando estaremos entre la Antártida y Tierra del Fuego. ¿Cuántas naves puede haber en el fondo de este enorme océano? Hoy he decidido dejar de leer sobre batallas navales y naufragios; prefiero subir a la cubierta a tomar un poco de aire fresco. Vengo de un lugar que es famoso por el viento que proviene del Valle del Ebro cuando se encuentra con el mar, pero lo que experimento cuando abro la compuerta en el nivel seis es algo que no es de este mundo. Salgo con pantalones de pana y una chaqueta, pero solo consigo quedarme fuera el tiempo suficiente para ver la primera ola estrellarse. El frío es cortante y penetrante. Está nevando, y las gotas que arroja el océano cuando choca contra el bote parecen cristales que te golpean en la cara.

E-M1 Mark II • M.ZUIKO DIGITAL ED 300mm 1:4.0 IS PRO • 1:4.0 • 1/2000s • ISO 200

Es imposible ver lo que tienes enfrente. Te agarras a lo que puedes, porque el miedo de caer al mar y las remotas probabilidades de sobrevivir te dejan paralizado. Vuelvo adentro para refugiarme del agua y busco a Juan, mi compañero. Me pongo el equipo impermeable, varias capas de ropa para abrigarme, gafas de esquí, guantes y agarro los objetivos y varios trapos para secar el material. Sé que no será fácil, pero quiero vivir la experiencia. Cuando llegue lo peor, seguramente no podré salir y mucho menos hacer fotos. Esta vez, me es mucho más difícil abrir la puerta de la escotilla. Me alegro de haber abarrotado tanto mi mochila, porque creo que voy a necesitar el peso para no salir volando. Ato la mochila a la barandilla y miro hacia el horizonte. Saco rápidamente la cámara y coloco el punto de enfoque en el centro de la parte inferior del bote, justo donde se encuentra con la proa. En menos de tres segundos, el objetivo está cubierto de hielo y agua. Una vez más, me cubro y miro hacia fuera, esperando la siguiente ola.

E-M1 Mark II • M.ZUIKO DIGITAL ED 40‑150mm 1:2.8 PRO • 1:2.8 • 1/1250s • ISO 200

Después de varias horas, me acostumbro a la situación y percibo cuándo viene una gran ola. Sientes que el corazón te late con fuerza en la garganta y llega el momento: 1, 2... te armas de valor, se escucha el sonido y llega el agua. Las olas son impredecibles y tienen ocho metros de altura en este punto. Si siguen creciendo a este ritmo, no podré quedarme aquí. Tomo varias ráfagas de imágenes. En seguida estoy completamente empapado, como si hubiera buceado en ese mar indomable. No puedo ver nada. Mi cámara puede aguantar una aventura más, pero yo no, ni mis manos ni mis ojos, que no ven nada. No escucho el obturador de la cámara, pero parece que las ráfagas de fotos son infinitas y que he congelado cada instante de cada ola que he decidido inmortalizar.

E-M1 Mark II • M.ZUIKO DIGITAL ED 12‑100 1:4.0 IS PRO • 1:7.1 • 1/1000s • ISO 200

La estabilización de la imagen resultó ser una de las características más esenciales de la cámara durante el viaje, convirtiéndola en una de las máquinas más precisas que he utilizado. Siento la sal en la cara y, cuando me la quito con los guantes, se me mete la lana en los ojos. Grito y alzo los brazos al viento. Me siento más vivo que nunca y estoy abrumado porque me siento imparable. La cámara y yo sobrevivimos a una inundación equivalente a varios litros de agua. La cámara sigue respondiendo, pero mis dedos no. Están temblando y no puedo ver las imágenes que he tomado. Pero la sonrisa en mi cara me convence de que sí, de que lo he conseguido. Estas fotos estarán conmigo para siempre, al igual que las historias que contaré cuando regrese a casa.

Perfil del fotógrafo: Alvaro Sanz

E-M1 Mark II • M.ZUIKO DIGITAL ED 12‑100 1:4.0 IS PRO • 1:4.0 • 1/1000s • ISO 400

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